LA
ORATORIA Y LA RETÓRICA
(Cicerón y Quintiliano)
INTRODUCCIÓN
En la acción
política y jurídica, ante una asamblea o ante un
tribunal, ha sido siempre de suma importancia el arte de la oratoria,
de la elocuencia, concebida como el arte de hablar bien, con
corrección (ars bene dicendi), y, sobre todo, de manera
persuasiva y convincente. La retórica es, por otra
parte, el arte teórico del discurso, del hablar para
persuadir, la oratoria reducida a un sistema susceptible de ser
enseñado.
Hacia el s. V a. C., tras la
abolición de las tiranías, en las ciudades estado
de Grecia y de la Italia del Sur, se dieron las condiciones
políticas para el desarrollo de la oratoria y, por
consiguiente, de la retórica. El nacimiento de la
retórica griega es inseparable del de la
sofística, escuela filosófica para la que el arte
de la persuasión era un aspecto fundamental de una
enseñanza completa. Los sofistas (Protágoras,
Gorgias, etc.) introducen recursos literarios en los discursos e
insisten en la elaboración artística de
éstos con la intención expresa de influir en el
auditorio y hacerle simpatizar con las ideas del orador.
Platón se opuso a los
sofistas por demagógicos, pues buscaban persuadir
al margen de la verdad, lo bueno y lo justo. Aristóteles en
cambio no comparte esta opinión. Para él la
retórica es útil porque proporciona medios de
persuasión generales aplicables a todas las materias y ayuda
a tomar decisiones en casos dudosos.
LA
ORATORIA ROMANA REPUBLICANA
Precedentes: La Roma
primitiva era, por su sistema judicial y político, basado en
asambleas, terreno apto para valorar la importancia de la oratoria; se
añadía a ello la vieja costumbre romana de la
laudatio funebris, elogio de las virtudes y hazañas de un
personaje tras su muerte, En este panorama, la oratoria era un medio de
hacer prevalecer la propia opinión ante los tribunales o
ante las asambleas. De ahí al hecho puramente literario de
la publicación de los discursos sólo
había un paso. Apio Claudio el Ciego (s. IV-III a. C.) es el
primero del que tenemos noticia que publicara un discurso.
La oratoria en el s. II a. C.:
Catón el Censor acostumbró a publicar sus
discursos. Ya vimos que Catón representó la
postura enfrentada al helenismo. Impresionado por la superioridad
cultural griega, pretendió enfrentarse a ella en su propio
terreno. En el campo de la retórica, ataca el alarde
técnico a que había llegado la
retórica helenística, muchas veces
vacío de contenido o, a los ojos de Catón,
inmoral y peligroso por cuanto podía ser utilizada como
instrumento demagógico. Para hacer frente a esto, propugnaba
dominar la materia sobre la que se iba a hablar (rem tene, verba
sequentur). Así pues, como en otros aspectos de la prosa
latina, Catón es el precursor del arte retórica
(teoría oratoria) en Roma.
Pero otros oradores de este siglo
beberán de las fuentes griegas. Además la
retórica pasará a formar parte de la
educación superior de las clases altas de Roma. La
influencia griega se deja sentir en los contemporáneos de
Catón. En la generación siguiente, los Graco,
plenamente impregnados del helenismo, utilizaron la oratoria para
cambiar la forma de gobierno. Con los hermanos Graco empezó
una corriente retórica afín al partido de los
populares que sustituyó la terminología y los
ejemplos griegos por otros latinos. Esto fue obra de los rhetores
latini de quienes existe un manual de retórica, Rhetorica ad
Herennium (87-82 a. C.), durante mucho tiempo atribuido a
Cicerón.
CICERÓN
(106- 46 a.C.)
Marco Tulio Cicerón es uno de
los personajes claves del s. I a. C., por su participación
en la vida pública, recorriendo todos los escalafones del
poder, y por su importancia en la vida cultural del momento.
Cicerón es la oratoria
romana. Además de los discursos más perfectos,
Cicerón nos ha dejado las mejores obras sobre oratoria, sus
fundamentos teóricos y la mayor parte de las noticias sobre
oradores que le precedieron; ha sabido enseñar
como nadie cómo se forma un orador y cómo se
compone un discurso; teoría y práctica se funden
en él de manera admirable. Su influencia fue inmensa.
a) Obras retóricas:
Brutus, De oratore y Orator.
El Brutus fue escrito a la muerte de su
máximo rival, el orador Hortensio; es una obra dialogada
entre Cicerón, su amigo Ático y el más
joven Bruto. En esta obra hace una especie de historia de la elocuencia
romana gracias a la que conservamos noticias de anteriores oradores.
En el Brutus y también en el
Orator habla sobre el estilo adecuado a la oratoria. En el s. I a. C.
había tres escuelas que llenaban el panorama de la oratoria
romana: aticista, de estilo sobrio y mesurado; la asiana, llena de
artificios estilísticos, que seguía a las
escuelas del Asia Menor y que había practicado Hortensio; y
la rodia, que pretendía el equilibrio entre las otras dos y
seguía las enseñanzas de la escuela de Rodas.
Cicerón propone un estilo intermedio, que exigía
del orador el dominio de los tres estilos. En el De Oratore, expone que
el orador, además de poseer cualidades naturales, ha de ser
versado en filosofía, derecho, historia, y ha de tener sobre
todo sentido común.
b) Discursos:
Pueden clasificarse en judiciales y
políticos según fueran pronunciados ante un
tribunal o bien ante el senado o el pueblo.
Entre los discursos
políticos destacan las 4 Catilinarias
del año 63 a. C. pronunciados ante el Senado contra L.
Catilina y otros conjurados, que intentaba acceder al consulado
mediante un golpe de fuerza. Cicerón consiguió
con estos discursos una gloria apoteósica y el apelativo de
«padre de la patria».
Tras el asesinato de
César, Cicerón, ardiente republicano,
creyó erróneamente que era posible la plena
restauración de la república,
sinónimo, en Roma, de libertad..Y vuelve a la escena
política pronunciando sus Filípicas
contra Marco Antonio, que había recogido la herencia de
César. Esto le costó la vida a manos de los
sicarios de aquél, que, tras darle muerte, clavaron su
cabeza en una pica y la pasearon por el foro. Los catorce discursos
fueron llamados Filípicas en homenaje a los
pronunciados por Demóstenes contra Filipo de Macedonia, el
padre de Alejandro Magno. Son para muchos las mejores piezas oratorias
de Cicerón.
De los discursos judiciales, son famosas
las Verrinas, pronunciadas contra Verres, a quien
defendió Hortensio, y que fue el espaldarazo definitivo a la
carrera de Cicerón.
Además son
numerosísimos los discursos judiciales pero relacionados con
la política del momento defendiendo a personajes
públicos o a otros que habían sido pompeyanos
durante la guerra civil (como le ocurrió al propio
Cicerón), y en ellos apela a la clemencia de Julio
César, ya en el poder.
Como orador aprovecha todos los recursos
para conseguir sus propósitos, agradar, conmover y
convencer. Sabe ser patético, o bien irónico
rayando en el sarcasmo e ingenioso otras veces. En sus discursos de
juventud se deja notar un gusto por el estilo ampuloso, pero conforme
pasan los años va ganando en sobriedad, combatiendo el
asianismo en los tratados de Retórica escritos en los
últimos años.
Como literato, sus discursos tienen un
valor literario insuperable; sirvieron de modelo principal a las
escuelas de Retórica que proliferaron en el siglo siguiente
y han formado a humanistas de todas las épocas.
LA
ORATORIA DE ÉPOCA IMPERIAL: QUINTILIANO
Desde la época de Augusto, la
supresión progresiva de las libertades políticas,
como consecuencia de la asunción del poder absoluto por
parte de los emperadores, produjo la decadencia de la oratoria, que se
alimentaba de los debates del foro y de las rivalidades
políticas. En estas condiciones, los magistrados y
funcionarios imperiales que precisaban de una buena
formación retórica para el ejercicio de sus
funciones, practicaban la elocuencia en sesiones privadas llevadas a
cabo en salas de recitación, donde se pronunciaban
brillantes conferencias o declamationes sobre temas casi siempre
ficticios. Estos ejercicios retóricos eran fundamentalmente
de dos tipos: controversiae y suasoriae. Con ellos se
pretendía que el declamador estuviera preparado para hablar
in utramque partem, es decir, desempeñar con la misma
habilidad el papel de acusador o defensor en un mismo caso.
QUINTILIANO
(35-95 d. C.)
Al desaparecer la libertad
política la oratoria desaparece de la vida
pública, se retira a las escuelas de retórica y
se convierte en un ejercicio cada vez más artificioso. La
única elocuencia pública son los
panegíricos a los emperadores.
A finales del s. I d. C. Marco Fabio
Quintiliano en su tratado de retórica Institutio
Oratoria vuelve al modelo clásico ciceroniano y se
preocupa de la formación del orador. Para él la
causa de la degeneración de la oratoria es el abandono de
los clásicos, sobre todo de Cicerón. En esta
misma época, Tácito, en su Dialogus de Oratoribus
se plantea las causas de la decadencia de la oratoria y concluye que la
principal es la falta de libertad, pues sin ésta el arte de
la elocuencia no puede sobrevivir.
Quintiliano era de Calagurris
(Calahorra). Se educó en Roma, volvió a Hispania
y de nuevo fue llamado por el emperador Galba. Ejerció la
enseñanza y la abogacía. Fue protegido de los
Flavios: Vespasiano lo puso al frente de una cátedra de
oratoria latina y Domiciano lo nombró cónsul y le
encargó la educación de sus herederos.
Recogió sus experiencias en
la enseñanza y el ejercicio de la profesión en
XII libros De institutione oratoria, el tratado de retórica
más completo de toda la antigüedad. No
sólo se preocupa de la técnica oratoria, sino de
la formación del orador desde que nace, con un programa
completo de instrucción y educación desde la
misma cuna hasta la cumbre de su carrera. Como Catón, no
separa la elocuencia de la moral. Un buen orador tiene que ser un
hombre honesto. La corrupción de las costumbres es una de
las causas de la decadencia de la oratoria. Otra
sería el abandono de los clásicos, sobre todo de
Cicerón. También se le atribuye una
colección de ejercicios escolares de retórica que
se han transmitido con el nombre de Declamationes.
La figura y la obra de Quintiliano deben
contemplarse dentro del marco del renacimiento Flavio. Tras la
caída de Nerón y el advenimiento de la gens
Flavia a la púrpura imperial, su primer emperador,
Vespasiano, emprende una ingente tarea de reconstrucción en
todos los órdenes, que en literatura se transluce en un
neoclasicismo (el modelo ideal de Quintiliano será
Cicerón).
De institutione oratoria
es una obra importante, no sólo para la Retórica,
sino para la educación en general, pues según
Quintiliano la formación retórica sólo
puede realizarse dentro de una previa formación integral del
individuo. Además, hombre enamorado de la oratoria y con
gran vocación para la enseñanza, es precursor de
modernas teorías pedagógicas. En este sentido, la
parte más valiosa de su obra son, probablemente los dos
primeros libros, en los que demuestra un magnífico
conocimiento del niño al que el maestro debe inculcar los
principios que han de regir el posterior desarrollo de su personalidad.