Alcestis, hija de el rey
Pelias, era la más pequeña de las hermanas y, a la vez, la más bella.
Su padre no quería casar a la muchacha con nadie y
por eso propuso un reto para quien pretendiera su mano, un reto que
a priori parecía imposible: Quien consiguiera que dos animales de
distinta raza tiraran de un carro sin atacarse, se podría casar con
Alcestis.
Admeto, rey de Feras estaba locamente enamorado de la joven y decidió afrontar la prueba. Le pidió al dios
Apolo
(al cual había ayudado anteriormente) que le proporcionara esos
animales. Apolo, que se sentía en deuda con su viejo amigo, así lo
hizo, y le dio un jabalí y un león totalmente amaestrados para
que uncidos al yugo tiraran del carro. Tras conseguir superar el reto,
Admeto y Alcestis se casaron.
Pasaron algunos días y Admeto cayó terriblemente
enfermo y fue a preguntarle a un oráculo qué le pasaba. El oráculo le
contestó que sólo se salvaría si alguien se sacrificaba y moría en su
lugar. Admeto asustado, se dirigió a sus ancianos padres, a ver si
alguno quería sacrificarse por él, pero ninguno de los dos quiso. Así
que Alcestis, atemorizada porque su marido muriera, decidió
sacrificarse ella.
Y así fue, Alcestis cayó terriblemente enferma y
murió la misma noche que su marido se recuperó milagrosamente.
Apenado y dolorido, Admeto lloraba la muerte de su esposa en casa, cuando llegó
Hércules
para hospedarse en ella. Hércules al ver lo bondadoso que estaba siendo
Admeto con él y lo triste que se veía el hombre, decidió
ayudarle. Descendió al reino de Hades y peleó contra la propia muerte
para rescatar a Alcestis y devolverla a la vida, logrando así que
pudiera reencontrarse con su querido Admeto.
Emilio Medina Bravo, alumno de 4º C
Lee también esta versión tomada de Wikipedia:
Admeto (en griego antiguo Ἄδμητος
Ádmêtos, ‘indómito’, ‘insumiso’), hijo de Feres y Periclímene, fue rey
de Feres en Tesalia. En su juventud, Admeto tomó parte en la expedición
de los
Argonautas y participó en la caza del
jabalí de Calidón. Cuando
sucedió en el trono a su padre, Admeto fue famoso por su hospitalidad y
justicia. Tras ser condenado a servir un año a un mortal como castigo
por matar a los
Cíclopes,
Apolo escogió la casa de Admeto y se
convirtió en su pastor (aunque, según algunas fuentes, Apolo sirvió a
Admeto por apego a éste). Apolo quedó tan impresionado por el trato que
le dispensó Admeto que hizo que todas las vacas parieran terneros
gemelos.
Apolo también ayudó a Admeto a lograr la mano de la princesa
Alcestis,
la hija de
Pelias, rey de Yolco. Alcestis tenía tantos pretendientes
que Pelias exigía una tarea aparentemente imposible a éstos para ganar
la mano de la princesa: debían uncir un jabalí y un león a un carro.
Apolo ató los animales al yugo y Admeto condujo el carro hasta Pelias,
logrando así casarse con Alcestis.
Sin embargo, Admeto no se encargó de hacer un sacrificio para
Artemisa.
Ésta, ofendida, llenó el aposento nupcial con serpientes, y Apolo tuvo
que ayudarle de nuevo: aconsejó a Admeto que hiciese un sacrificio a
Artemisa, y la diosa retiró así las serpientes.
La mayor ayuda que Apolo prestó a Admeto fue convencer a las
Moiras de
que aplazasen la muerte de Admeto de su día predestinado. Apolo

emborrachó a las Moiras, y éstas accedieron a indultar a Admeto si
lograba encontrar a alguien que muriese en su lugar. Admeto creyó
inicialmente que uno de sus ancianos padre moriría con gusto en lugar
de su hijo, pero cuando éstos terminaron negándose, fue Alcestis quien
murió en su lugar por amor hacia él.
La escena de la muerte se describe en la obra de Eurípides Alcestis,
donde
Tánatos, el dios de la muerte, lleva a ésta al Inframundo.
Mientras Alcestis desciende, Admeto descubre que en realidad no quiere
vivir:
Creo que el destino de mi esposa es más feliz que el mío, aunque no
pueda parecerlo. Ningún dolor volverá a tocarla, y ha dado fin con
gloria a los muchos problemas de la vida. Pero yo, que he escapado a mi
destino y no debería estar vivo, viviré ahora mi vida con pena.
Esta situación fue remediada por
Heracles, quien hizo un alto en Feras
de camino a su trabajo con las yeguas de Diomedes. Al conocer lo que
ocurría, Heracles entró en la tumba de Alcestis y luchó con Tánatos
hasta que el dios accedió a liberarla, llevándola entonces de vuelta al
mundo de los mortales. Otras versiones cuentan que fue
Perséfone,
admirada por el sacrificio de Alcestis, quien la liberó.
Admeto tuvo tres hijos: Eumelo (el más famoso, que mandó un contingente
de Feras para luchar en la Guerra de Troya), Perimela e Hípaso.
Fuente del texto:
Wikipedia