En la mitología
griega Cipariso
fue un joven nacido en la Isla de
Ceos, hijo de Télefo. Cipariso fue amante del dios Apolo,
y a su muerte fue
convertido en un ciprés. El mito de Cipariso se remonta a la época
helenística.

Cipariso habría sido amado también por
el dios Céfiro
y, según la tradición latina, por Silvano,
el espíritu tutelar de los bosques,
aunque sólo el dios Apolo habría logrado el amor del muchacho.
Apolo le regaló a Cipariso uno de sus
ciervos consagrados
a las ninfas, que
desde entonces se convirtió en el fiel compañero del muchacho. Cipariso
adornaba el cuello y las astas de oro del animal con guirnaldas de
piedras
preciosas. En cierta ocasión, Apolo regaló también a Cipariso una
jabalina,
pero el joven, al intentar cazar otro ciervo, mató por error al suyo.
Fue tan
intenso el dolor del
muchacho por la pérdida del animal, que pidió al
dios
Apolo que le permitiera llorarlo para siempre y que sus lágrimas
fluyesen
eternamente. El dios aceptó su súplica y lo convirtió en ciprés,
el árbol de la tristeza,
el dolor y el duelo por los seres queridos, consagrado desde entonces a
los
difuntos.
Según algunos autores, el mito de
Cipariso representa el paso de la adolescencia a la madurez, mostrando
un
muchacho que se inicia en la caza y las artes de la guerra y que debe
ser
transformado para convertirse en adulto. No se ha identificado ningún
culto
griego relacionado con la adoración de Cipariso.
Fuente:
Wikipedia