A Júpiter y a su hijo
Mercurio
les gustaba bajar de vez en cuando a la tierra para ver cómo se
comportaban los hombres. Un día se

metamorfosearon en cazadores y
bajaron a la región de
Frigia
para comprobar si sus habitantes eran hospitalarios. Llamaron a una
casa y salió una mujer. Ellos le dijeron que estaban muy cansados del
viaje y que si podían pasar a su casa a descansar, pero ella, en lugar
de responder, les cerró la puerta. Llamaron a varias casas y en todas
les hicieron lo mismo. Júpiter, cada vez más enfadado, decidió que los
iba a castigar, pero Mercurio le pidió que esperara y probara en otra
casa.
Así que llamaron a la puerta de una humilde choza
con techo de paja. Inmediatamente un ganso comenzó a graznar. Salió un
anciano y los invitó a entrar. El anciano se llamaba
Filemón. Tanto él como su esposa
Baucis
hicieron todo lo posible por satisfacer a sus huéspedes: avivaron el
fuego, sacaron todos los víveres que tenían… Júpiter y Mercurio
comieron y se sintieron muy satisfechos con sus anfitriones.
Filemón fue a llenar de nuevo la jarra de vino, pues
suponía que estaría vacía, y se sorprendió enormemente cuando vio que,
pese a todo lo que habían bebido sus invitados, la jarra estaba llena a
rebosar. Cuando se la mostró a su esposa, ambos cayeron en la cuenta de
que sus invitados

eran dioses. Se acercaron a ellos y les pidieron que
no los castigasen, porque eran pobres y no habían podido ofrecerles
otra cosa. Pero matarían el ganso para preparar una cena digna. El
ganso, que pareció comprender lo que le esperaba, desapareció de la
vista. Era el único animal que tenían los ancianos y se encargaba de
vigilar la casa y de alertar con sus graznidos de la presencia de
forasteros. Desesperados al no encontrarlo, los ancianos volvieron a
entrar en la casa y vieron que el ganso se refugiaba entre los pies de
Júpiter.
Los invitados no solo no estaban enfadados sino que
se declararon agradecidos porque los ancianos habían sido los únicos en
ofrecerles su hospitalidad. Les pidieron que los acompañaran a la
montaña. Por el camino, Filemón y Baucis se preguntaban qué querrían
los dioses. Cuando llegaron arriba, miraron hacia la ciudad y vieron
que se estaba inundando. Así castigaban los dioses a los habitantes de
aquella región. Los ancianos estaban asustados, pero de pronto vieron
que su casa se estaba convirtiendo en una especie de templo dorado.
Finalmente, Júpiter les dijo que, en agradecimiento a su humildad y
hospitalidad, les concedería un deseo. Y ellos, sin pensarlo mucho,
contestaron que querían ser sacerdotes de aquel nuevo templo y morir
ambos al mismo tiempo para que ninguno de los dos pasara por el dolor
de enterrar al otro. Y así vivieron felices hasta que un día Baucis vio
como su marido se estaba transformando en árbol y que a ella misma los
brazos se le alargaban y se le cubrían de corteza. Antes de convertirse
en un tilo y una encina, se dieron un último beso y entrelazaron sus
ramas, que aún permanecen unidas como testimonio de su amor.
Nerea Carmen Martínez Pérez 1º Bach.
Otra versión más breve, también de una alumna:
Filemón
y Baucis eran un matrimonio de ancianos que vivía en una humilde
cabaña, en una ciudad de Frigia. Eran campesinos y muy pobres.
Un día llegaron a la ciudad unos forasteros que buscaban una
casa donde pasar la noche. Nadie los quiso alojar, pero Filemón
y Baucis los acogieron en su casa aunque eran pobres y no tenían
mucho que darles. Compartieron con ellos la comida y el vino. Baucis
vio que aunque llenasen muchas veces los vasos, el vino no se gastaba,
entonces ella dedujo que eran dioses. Ella vio que la comida que les
servia era poco, así que pensó en ofrecerles el ganso que
tenían. Pero cuando fue a sacarlo el ganso corrió hacia
uno de los forasteros. Aquel hombre resultó ser Zeus y su
acompañante, Hermes. El dios le dijo que no hacia falta que
matasen al ganso, porque se iban ya. Les dijo que iban a destruir la
ciudad y a todos los que le habían negado la entrada, y que los
acompañasen a la montaña para salvarse. Cuando estuvieron
en la montaña vieron su ciudad inundada excepto su cabaña
que después seria convertida en templo. Zeus les ofreció
un deseo y la pareja pidió ser los ministros del santuario,
estar unidos para siempre y morir ambos a un tiempo.
Tras su muerte, Zeus convirtió a Filemón en un roble y a Baucis en un
tilo.
Rosa González, 4º
B
Una tercera versión:
En
unas lomas de Frigia hay un
terreno pantanoso, que en tiempos fue
zona habitable. Allí se presentó, como simple
hombre, Júpiter, acompañado de Mercurio. Buscando
alojamiento se dirigieron a numerosas casas y todas se les cerraron.
Sólo en una, que era bastante humilde, los recibieron la
anciana Baucis y su marido Filemón. En ella
habían pasado juntos sus años jóvenes
y en ella habían envejecido compartiendo sin amargura sus
escasos recursos.
Cuando los dioses entraron en la cabaña, el viejo les
ofreció asiento y Baucis reavivó el fuego y puso
a cocer un repollo, traído de su huerto, y
Filemón un trozo de lomo curado. Charlan con ellos para
aliviar la espera, les preparan un baño rústico
en una artesa y un sencillo lecho para reclinarse a comer. La anciana
dispone la mesa, que hubo que calzar, pues desnivelaba un poco, y les
sirve aceitunas y cerezas silvestres, y achicorias y rábano
y requesón y huevos poco cocidos, todo en cacharros de
arcilla. Además de comida caliente y un vino de la tierra,
les ofrecen nueces, uvas, manzanas, miel y caras amables y buena
voluntad.
En esto ven que el recipiente del que se saca la bebida se vuelve
él sólo a llenar y sube de nivel.
Atónitos Filemón y Baucis ruegan, suplicantes,
que les disculpen por la pobreza del servicio.
El único ganso que tenían se disponen a
sacrificarlo para agasajar a sus huéspedes. El animal,
escapando de ellos, se refugia junto a los dioses, que
prohíben que se lo mate. "Somos dioses, dicen, y la gente
impía de esta zona va a recibir su castigo. Dejad vuestra
cabaña y acompañadnos a lo alto del monte".
Obedecen los ancianos y con dificultad suben por la pendiente. Vuelven
la vista atrás: toda la zona ha quedado cubierta de agua,
excepto su cabaña, que se va convirtiendo en un templo, sus
puntales en columnas, su techo de paja en tejado de oro, con puertas
esculpidas y piso de mármol.
Habló entonces Júpiter: "Decidnos, justo anciano
y mujer digna de un hombre justo, qué deseáis".
Tras hablar brevemente entre ellos, dijo Filemón: "Pedimos
ser sacerdotes de ese vuestro templo y que, como hemos vivido en
armonía todos nuestros años, salgamos de esta
vida juntos, que ninguno tenga que enterrar al otro".
Sus votos se cumplieron: mientras vivieron, cuidaron del templo. Cuando
ya muy ancianos charlaban delante de la escalinata, vio Baucis que a
Filemón le iban saliendo hojas y Filemón vio que
le salían a Baucis. Mientras la vegetación
invadía sus cuerpos tuvieron ocasión de decirse
adiós antes de que la corteza cubriera sus rostros.
Todavía los naturales del país pueden mostrar un
árbol con dos troncos gemelos.
Esto me contaron unos ancianos (y no tenían motivo para
engañarme). Yo mismo vi guirnaldas pendientes de sus ramas y
yo mismo puse otras diciendo: "Sean dioses los que así
fueron tratados por los dioses y sean honrados con culto los que culto
rindieron".
(Adaptado de OVIDIO, Metamorf. 8, 611-724)
Texto tomado de la Página de Cultura Latina de