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correo I.E.S. "PEDRO SOTO DE ROJAS", GRANADA

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LEYENDAS MITOLÓGICAS
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FILEMÓN Y BAUCIS


   



   A Júpiter y a su hijo Mercurio les gustaba bajar de vez en cuando a la tierra para ver cómo se comportaban los hombres. Un día se filemon rubensmetamorfosearon en cazadores y bajaron a la región de Frigia para comprobar si sus habitantes eran hospitalarios. Llamaron a una casa y salió una mujer. Ellos le dijeron que estaban muy cansados del viaje y que si podían pasar a su casa a descansar, pero ella, en lugar de responder, les cerró la puerta. Llamaron a varias casas y en todas les hicieron lo mismo. Júpiter, cada vez más enfadado, decidió que los iba a castigar, pero Mercurio le pidió que esperara y probara en otra casa.

    Así que llamaron a la puerta de una humilde choza con techo de paja. Inmediatamente un ganso comenzó a graznar. Salió un anciano y los invitó a entrar. El anciano se llamaba Filemón. Tanto él como su esposa Baucis hicieron todo lo posible por satisfacer a sus huéspedes: avivaron el fuego, sacaron todos los víveres que tenían… Júpiter y Mercurio comieron y se sintieron muy satisfechos con sus anfitriones.

    Filemón fue a llenar de nuevo la jarra de vino, pues suponía que estaría vacía, y se sorprendió enormemente cuando vio que, pese a todo lo que habían bebido sus invitados, la jarra estaba llena a rebosar. Cuando se la mostró a su esposa, ambos cayeron en la cuenta de que sus invitados eran dioses. Se acercaron a ellos y les pidieron que no los castigasen, porque eran pobres y no habían podido ofrecerles otra cosa. Pero matarían el ganso para preparar una cena digna. El ganso, que pareció comprender lo que le esperaba, desapareció de la vista. Era el único animal que tenían los ancianos y se encargaba de vigilar la casa y de alertar con sus graznidos de la presencia de forasteros. Desesperados al no encontrarlo, los ancianos volvieron a entrar en la casa y vieron que el ganso se refugiaba entre los pies de Júpiter.

    Los invitados no solo no estaban enfadados sino que se declararon agradecidos porque los ancianos habían sido los únicos en ofrecerles su hospitalidad. Les pidieron que los acompañaran a la montaña. Por el camino, Filemón y Baucis se preguntaban qué querrían los dioses. Cuando llegaron arriba, miraron hacia la ciudad y vieron que se estaba inundando. Así castigaban los dioses a los habitantes de aquella región. Los ancianos estaban asustados, pero de pronto vieron que su casa se estaba convirtiendo en una especie de templo dorado. Finalmente, Júpiter les dijo que, en agradecimiento a su humildad y hospitalidad, les concedería un deseo. Y ellos, sin pensarlo mucho, contestaron que querían ser sacerdotes de aquel nuevo templo y morir ambos al mismo tiempo para que ninguno de los dos pasara por el dolor de enterrar al otro. Y así vivieron felices hasta que un día Baucis vio como su marido se estaba transformando en árbol y que a ella misma los brazos se le alargaban y se le cubrían de corteza. Antes de convertirse en un tilo y una encina, se dieron un último beso y entrelazaron sus ramas, que aún permanecen unidas como testimonio de su amor.

    Nerea Carmen Martínez Pérez 1º Bach.

Otra versión más breve, también de una alumna:

    Filemón y Baucis eran un matrimonio de ancianos que vivía en una humilde cabaña, en una ciudad de Frigia. Eran campesinos y muy pobres. Un día llegaron a la ciudad unos forasteros que buscaban una casa donde pasar la noche. Nadie los quiso alojar, pero Filemón y Baucis los acogieron en su casa aunque eran pobres y no tenían mucho que darles. Compartieron con ellos la comida y el vino. Baucis vio que aunque llenasen muchas veces los vasos, el vino no se gastaba, entonces ella dedujo que eran dioses. Ella vio que la comida que les servia era poco, así que pensó en ofrecerles el ganso que tenían. Pero cuando fue a sacarlo el ganso corrió hacia uno de los forasteros. Aquel hombre resultó ser Zeus y su acompañante, Hermes. El dios le dijo que no hacia falta que matasen al ganso, porque se iban ya. Les dijo que iban a destruir la ciudad y a todos los que le habían negado la entrada, y que los acompañasen a la montaña para salvarse. Cuando estuvieron en la montaña vieron su ciudad inundada excepto su cabaña que después seria convertida en templo. Zeus les ofreció un deseo y la pareja pidió ser los ministros del santuario, estar unidos para siempre y morir ambos a un tiempo.
Tras su muerte, Zeus convirtió a Filemón en un roble y a Baucis en un tilo.

    Rosa González, 4º B   
 

 
Una tercera versión:

 En unas lomas de Frigia hay un terreno pantanoso, que en tiempos fue zona habitable. Allí se presentó, como simple hombre, Júpiter, acompañado de Mercurio. Buscando alojamiento se dirigieron a numerosas casas y todas se les cerraron. Sólo en una, que era bastante humilde, los recibieron la anciana Baucis y su marido Filemón. En ella habían pasado juntos sus años jóvenes y en ella habían envejecido compartiendo sin amargura sus escasos recursos.
filemon grabado

 Cuando los dioses entraron en la cabaña, el viejo les ofreció asiento y Baucis reavivó el fuego y puso a cocer un repollo, traído de su huerto, y Filemón un trozo de lomo curado. Charlan con ellos para aliviar la espera, les preparan un baño rústico en una artesa y un sencillo lecho para reclinarse a comer. La anciana dispone la mesa, que hubo que calzar, pues desnivelaba un poco, y les sirve aceitunas y cerezas silvestres, y achicorias y rábano y requesón y huevos poco cocidos, todo en cacharros de arcilla. Además de comida caliente y un vino de la tierra, les ofrecen nueces, uvas, manzanas, miel y caras amables y buena voluntad.

En esto ven que el recipiente del que se saca la bebida se vuelve él sólo a llenar y sube de nivel. Atónitos Filemón y Baucis ruegan, suplicantes, que les disculpen por la pobreza del servicio.

 El único ganso que tenían se disponen a sacrificarlo para agasajar a sus huéspedes. El animal, escapando de ellos, se refugia junto a los dioses, que prohíben que se lo mate. "Somos dioses, dicen, y la gente impía de esta zona va a recibir su castigo. Dejad vuestra cabaña y acompañadnos a lo alto del monte". Obedecen los ancianos y con dificultad suben por la pendiente. Vuelven la vista atrás: toda la zona ha quedado cubierta de agua, excepto su cabaña, que se va convirtiendo en un templo, sus puntales en columnas, su techo de paja en tejado de oro, con puertas esculpidas y piso de mármol.

Habló entonces Júpiter: "Decidnos, justo anciano y mujer digna de un hombre justo, qué deseáis". Tras hablar brevemente entre ellos, dijo Filemón: "Pedimos ser sacerdotes de ese vuestro templo y que, como hemos vivido en armonía todos nuestros años, salgamos de esta vida juntos, que ninguno tenga que enterrar al otro".
Sus votos se cumplieron: mientras vivieron, cuidaron del templo. Cuando ya muy ancianos charlaban delante de la escalinata, vio Baucis que a Filemón le iban saliendo hojas y Filemón vio que le salían a Baucis. Mientras la vegetación invadía sus cuerpos tuvieron ocasión de decirse adiós antes de que la corteza cubriera sus rostros. Todavía los naturales del país pueden mostrar un árbol con dos troncos gemelos.

Esto me contaron unos ancianos (y no tenían motivo para engañarme). Yo mismo vi guirnaldas pendientes de sus ramas y yo mismo puse otras diciendo: "Sean dioses los que así fueron tratados por los dioses y sean honrados con culto los que culto rindieron".
filemon arbol

(Adaptado de OVIDIO, Metamorf. 8, 611-724)
Texto tomado de la Página de Cultura Latina de Cecilio Bodego Gómez, profesor del I.E.S. Lucía de Medrano, Salamanca.



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