Apolo
era hijo de Zeus y hermano gemelo de Artemisa. Era el dios del canto,
de
la música, del sol. Era el dios más venerado de Grecia y era también
muy

admirado por su belleza. Entre sus muchas
habilidades estaba la de
sanar a los enfermos.
Jacinto era hijo del rey espartano Amiclas. Era
un joven famoso por su
gran belleza, muy querido de
Apolo, que abandonaba su santuario en
Delfos y se acercaba a las orillas del río Eurotas en Esparta, para
gozar de la compañía del muchacho.
Céfiro, identificado como el viento de poniente, también quería disfrutar
del amor del joven Jacinto y no podía disimular la decepción que sentía
al ver que Jacinto prefería la compañía de Apolo.
Para tenerlo cerca de sí, Apolo entretenía a Jacinto por
medio de juegos deportivos y clases de música. Le enseñó a
tocar el laúd, lanzar el disco y manejar el arco.
Un día los dos amigos estaban jugando al disco y eran observados por el
celoso
Céfiro, que quería disfrutar de la compañía de Jacinto, Apolo lanzó
el disco a su amigo y Céfiro, movido por los celos, con
una ráfaga de aire de poniente desvió la trayectoria del disco, que
hirió mortalmente al joven
Jacinto.
Apolo intentó salvarlo valiéndose de sus poderes curativos,
pero la herida era tan grave que le fue imposible hacerlo. De la sangre que brotó de la herida del bello Jacinto surgió una
hermosísima flor del mismo nombre; desde ese momento los espartanos
celebran en honor del joven muerto una de sus fiestas religiosas
anuales más importantes, la fiesta de las Hyacynthia.
La flor del Jacinto es usada desde la antigüedad para adornar jardines
gracias a sus colores vivos, que apenas son un pálido
reflejo del bello Jacinto malogrado por la envidia de Céfiro.
Purificación
Puerta López, 1º A