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| I.E.S. "PEDRO SOTO DE ROJAS". GRANADA | |

| LEYENDAS MITOLÓGICAS | ![]() |
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demostraba sus
habilidades con la
flauta. Cuando se agachó sobre las aguas cristalinas, contempló sus
carrillos hinchados
y facciones distorsionadas, e impetuosamente arrojó el instrumento al
agua, jurando
nunca tocarlo de nuevo.El repentino paro de la música causó que el joven Marsias saliera de su abstracción y comenzara a mirar a su alrededor.
Pudo ver la flauta rechazada navegando tranquilamente por la corriente a sus pies. Inmediatamente asió el
instrumento y se lo llevó a
sus labios; tan pronto como empezó a soplar, los mágicos compases
volvieron a sonar. Ninguna de sus obligaciones como pastor pudieron
ya separar a Marsias
de su recién encontrado tesoro;
su habilidad con la flauta
progresó tan rápidamente que su vanidad
se hizo insufrible, jactándose de que podría rivalizar con Apolo, al cual retó a una competición musical.
Con la intención de castigarle por su presunción,
Apolo, acompañado
por las nueve
musas, patronas de la poesía y la música, se presentó
ante el músico
y le retó a hacer buen uso de sus engreídas palabras. Marsias fue el
primero en
exhibir su habilidad y encantó a todos con sus melodiosos acordes.
Las musas le
concedieron
muchos elogios,
ordenando a
Apolo que superara a su rival si podía. No hizo
falta repetirlo. El dios asió su lira de oro y derramó acordes
apasionados. Antes
de pronunciarse en su decisión, las musas decidieron darles a ambos
músicos una
segunda audición, y los dos se afanaron de nuevo; en esta ocasión,
Apolo unió
los armónicos acentos de su divina voz a los tonos de su instrumento,
causando que
todos los presentes, además de
las musas, le vitorearan como vencedor.
De acuerdo con lo dispuesto con antelación -según lo cual, el vencedor tendría el privilegio de desollar vivo a su contrincante-, Apolo ató a Marsias a un árbol y lo mató cruelmente. Cuando las ninfas de las montañas se enteraron de la triste muerte de su favorito, comenzaron a llorar y a derramar tales torrentes de lágrimas que llegaron a formar un río llamado Marsias, en memoria del dulce músico.

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