Circe
advirtió a
Odiseo que tendría
que pasar por la Isla de las Sirenas, cuyas bellas voces encantaban a todos los que navegaban por las cercanías.
Esas hijas de
Aqueloo, o, según dicen algunos, de
Forcis, y la musa
Terpsícore, o Estérope, hija
de Portaón, tenían rostros de


muchacha, pero patas y plumas de aves, y se dan muchas versiones
diferentes para explicar esa peculiaridad: como que jugaban con
Core (Perséfone) cuando la raptó
Hades, y que
Deméter, ofendida porque no habían acudido en su ayuda, les dio alas y dijo: «¡Idos y buscad a
mi hija por todo el mundo!» O que
Afrodita las transformó en aves porque, por orgullo, no querían
entregar su virginidad a los dioses ni los hombres. Pero ya no pueden volar, porque las
Musas les
vencieron en un certamen musical y les arrancaron las plumas de las alas para hacerse coronas.
Ahora permanecen sentadas, cantando en una pradera entre los montones de huesos de los marineros a
los que han arrastrado a la muerte.
«Tapa los oídos de tus hombres con cera de abejas —le aconsejó
Circe— y si tú deseas escuchar su música, haz que tus marineros te aten de manos y pies al
mástil y oblígales a jurar que no te soltarán por muy rudamente que les amenaces.» Circe previno a
Odiseo acerca de otros peligros que les esperaban cuando él fue a despedirse; y luego partió,
llevado una vez más por un viento favorable.
Cuando el navío se acercaba a la Isla de las Sirenas, Odiseo siguió
el consejo de Circe, y las sirenas cantaron tan dulcemente, prometiéndole el

conocimiento previo
de todos los futuros acontecimientos en la tierra, que gritó a sus compañeros, amenazándoles
con la muerte si no lo soltaban, pero, obedeciendo sus órdenes anteriores, lo único que
hicieron fue atarlo todavía más fuertemente al mástil. Así la nave siguió navegando sin peligro y las
sirenas, sintiéndose vejadas, se suicidaron.
Algunos creen que había solamente dos sirenas; otros, que eran tres,
a saber: Parténope, Leucosia y Ligia; o Pisínoe, Agláope y Telxiepia; o Aglaofeme, Telxíope y
Molpe. Otros nombran a cuatro: Teles, Redne, Telxíope y Molpe.
Robert Graves, Los mitos griegos