En
la mitología griega
Talos, Talon o Talo (en griego antiguo Τάλως Tálos)
era un gigante de bronce que protegía a la
Creta minoica de posibles
invasores.

Existen varias versiones sobre su genealogía: a
veces era considerado hijo de
Cres, personificación de Creta y padre de
Hefesto (lo que contradice la versión dominante), otras era un autómata
forjado por el propio Hefesto con la ayuda de los cíclopes, y también a
veces era el último de una malvada raza de gigantes de bronce. En
algunas

versiones del mito, Talos es forjado por el inventor
Dédalo.
En cualquier caso, se le presentaba como el
infatigable guardián de Creta (dado por
Zeus a
Europa o por Hefesto al
rey
Minos), encargado de dar tres vueltas cada día a la isla,
impidiendo entrar en ella a los extranjeros y salir a los habitantes
que no tenían el permiso del rey. Se decía que cuando Talos sorprendía
a algún extranjero, se metía en el fuego hasta calentarse al rojo vivo
y abrazaba entonces a sus víctimas hasta abrasarlas.
El invulnerable cuerpo de bronce de Talos era
irrigado por una única vena diminuta que lo recorría desde el cuello al
tobillo, donde estaba rematada por un clavo que le

impedía desangrarse,
siendo su único punto débil. Cuando
Jasón y los argonautas llegaron a
Creta tras obtener el vellocino de oro, Talos les impidió desembarcar
del Argo arrojándoles grandes rocas a la bahía.
Apolonio de Rodas, Las Argonáuticas, Canto IV. 1630:
“…Pero el broncíneo Talos,
desgajando peñascos del recio acantilado, les impedía amarrar sus
cables a
tierra. Él, entre los semidioses había quedado de la estirpe
de los hombres que nacieron de los fresnos; el Crónida se lo donó a
Europa para que fuese guardián de su isla, y él por tres veces daba a
Creta la vuelta con sus broncíneos pies. Pero si bien…estaba formado de
bronce y sin fractura posible, por debajo del tendón, en el tobillo,
tenía una vena llena de sangre, y la membrana sutil que la encerraba
era su límite entre la vida y la muerte….”
Según Apolodoro, la hechicera
Medea volvió loco a
Talos con sus pócimas, haciéndole creer que podía hacerle inmortal
quitándole el clavo de su tobillo, o bien que Peante, padre de
Filoctetes, atravesó la vena con una de sus flechas. En las
Argonáuticas, Medea le hipnotizaba desde el Argo, volviéndole loco y
haciendo que se arrancase el clavo. En cualquier caso, al quitar el
clavo de su tobillo se derramaba el icor de Talos, desangrándose y
muriendo (compárese con la historia del talón de Aquiles). Tras su
muerte, el Argo pudo arribar sin peligro.
Texto tomado de:
Wikipedia